Zarala Oldo 02/10/2019

En el transcurso de nuestra vida en ese ir y venir de personas a las que conocemos por la
vorágine del trabajo, la escuela, universidad, el barrio, personas de nuestras familias ya sea política o la misma nuestra encontramos momentos en los que esa misma relación que puede ser estrecha, semi-estrecha o simplemente escasa, traen a nuestra pacífica vida o no tanto nuevos problemas a los que hacer frente, situaciones que requieren nuestra atención y de alguna forma nuestra reacción.

Hoy leyendo a un colega encontré una frase que me trasladó a una situación que viví durante muchos años una situación que me ocasionó grandes tristezas, llegué
a un punto donde pensaba se me iría de las manos, llegó a sobrepasarme, a saturarme. Sin embargo algo en mi interior echó el freno, ni cuenta me dí, fue algo que simplemente hizo que mi cerebro abarrotado y ya casi sin ideas para intentar resolver aquello que me traía de cabeza se enfriase a tal punto que comencé a ver ese problema como una espectadora, como si le estuviese sucediendo a otra persona y no a mi.

Fue entonces y gracias a ese raro acontecimiento cerebral inesperado que llegue a tomar la Mejor de las decisiones para aquello tan difícil que me estaba sucediendo, y reiterativo en el tiempo además, decidí poner punto y final a la causa.

La Causa fundamental de mis preocupaciones, tristezas y problemas era que había cedido el control, había dado la potestad a una persona para que me hiciese daño con sus palabras y sus acciones, había entregado el Poder.

Era hora de recuperarlo, yo debía poner fin a mi sufrimiento y preocupaciones. Debía dejar de enfadarme y de enfrentarme. Colocar a esa persona en su sitio, lejos del mío, y todo volvería a la normalidad. Recordé a mi madre y su célebre frase “Tu en tu casa yo en la mía y Dios en la de todos” y eso hice.

Poco a poco los enfrentamientos cesaron, la sensación de sentirme injuriada, cuestionada, menospreciada y enfrentada, siempre en pie de guerra esperando a que me hiciese daño a cada momento terminó.

Imagino comprendió cual era su sitio en el mundo, su lugar y sintió frío, distancia, ya era imposible hacer daño, yo estaba muy lejos de su alcance, de su artillería de maldad y simplemente fue aplacándose, no le daba la posibilidad de continuar hiriendo, ya le era imposible alcanzarme, yo recuperé mi Poder, el poder sobre mi misma, mi vida, mis sentimientos.

A veces ese momento llega en una situación Débil, en una situación que comparándola con otras vividas No es tan difícil, No es tan abasallante ni te sientes tan Herida como en otras.

Porque es el Conjunto de todo lo vivido, es esa famosa “Gota que Colmó el Vaso”

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